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Patente potosina revoluciona la aviación y reduce riesgos por congelamiento en vuelo: UASLP

La doctora Geydy Luz Gutiérrez Urueta, docente e investigadora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), obtuvo la patente titulada “Tubo pitot aeronáutico con sistema de calefacción auxiliar basado en material de cambio de fase”, un desarrollo que busca mejorar la seguridad en la aviación.

 

Se trata de un trabajo colaborativo realizado junto con el doctor Fidencio Tapia y el entonces estudiante Robert Jackal, hoy doctor, a quienes reconoció como parte fundamental del proyecto. “Este es un trabajo colaborativo, soy su representante en este momento”, expresó.

 

La investigadora explicó que el tubo pitot es un pequeño dispositivo ubicado en la parte frontal de la aeronave, diseñado para medir la velocidad mediante la presión del flujo de aire. “Se trata de una pequeña pieza sobresaliente por la que ingresa el viento; al comprimirse, genera información que el sistema convierte en datos para calcular con precisión la rapidez de desplazamiento, un elemento fundamental para la operación segura del vuelo”, dijo.

 

El problema que motivó la investigación, señaló, es el congelamiento de este dispositivo a grandes altitudes, donde las bajas temperaturas pueden obstruir la entrada de aire. “Cuando se congela el tubo pitot el avión simplemente se descontrola, hay accidentes documentados”, advirtió. Explicó que la humedad presente en el ambiente puede convertirse en hielo y bloquear el conducto, impidiendo la medición de la velocidad y generando riesgos graves durante el vuelo.

 

Ante esta situación, el equipo desarrolló un sistema complementario basado en materiales de cambio de fase, capaces de almacenar calor y liberarlo gradualmente. “Es como una cobija que arropa el sistema y guarda calor mientras todo se enfría”, describió. Este mecanismo permite que, en caso de falla de la resistencia eléctrica convencional, el tubo mantenga su temperatura por más tiempo y continúe operando.

 

Los resultados mostraron que el dispositivo puede mantenerse funcional por más de tres minutos adicionales, lo que representa un incremento de 121 por ciento respecto a su desempeño habitual. “Ese tiempo le permite al piloto reaccionar; si hubiesen tenido 30 segundos más, otra historia habría sido”, afirmó la doctora Gutiérrez Urueta, al destacar el impacto potencial del desarrollo en la prevención de accidentes.

 

Finalmente, reiteró que el logro es resultado del trabajo en equipo y de un proceso de investigación constante. “Nada de lo que sucede es individual y nada sale a la primera, debe haber mucho respeto y colaboración”, concluyó, al tiempo que reconoció la participación de sus colegas y el esfuerzo que implicó llevar el proyecto desde la idea inicial hasta su validación experimental, incluso con pruebas realizadas en el extranjero.